Teletransportando mi espíritu…

Después de un día de frío, y de entrar y salir de mi casa pasando por los cambios de temperatura, añoré aquellas tazas de avena que tomaba en Caracas. Por lo cual, decidí que la mejor manera de calentarme en cuerpo y alma era matar ese antojo melancólico que inundó mi casa con ese tan característico olor de ese cereal mezclado con un toque de canela.

Un café bien caliente te ayuda a superar el frío por un rato, pero esa avenita me recuperó del temporal, me elevantó el ánimo, y me hizo sentir, por breves instantes, que estaba por allá en la cocina de mi mamá con ella al lado. Sí, fueron muchas sensaciones para ser un plato tan simple.

Son muchos los miedos sumados a la esperanza. Son esos copos de avena mezclados con arándanos que al teñir de morado mi plato me elevaron a otro plano de nostalgia. Es difícil cuando el frío te llega a los huesos y sólo quieres recibir ese abrazo que te hierva el alma.

Hoy es uno de esos días en que quisiera tener un teletransportador…

Hoy me abrazo y se los retransmito…

Feliz día, que sea más cálido que el de ayer…

Mireya

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